El contrato de temporada se ha convertido en una de las fórmulas más utilizadas en el mercado del alquiler.
Muchos propietarios lo utilizan para alquilar una vivienda durante unos meses. También es frecuente verlo en alquileres a estudiantes, trabajadores desplazados, personas que se mudan temporalmente o inquilinos que necesitan una vivienda por una causa concreta.
Sin embargo, también se ha convertido en una fuente importante de conflicto.
¿Por qué?
Porque no basta con llamar “contrato de temporada” a un alquiler para que realmente lo sea.
Si la vivienda se utiliza como residencia habitual y permanente del inquilino, el contrato puede ser considerado un alquiler de vivienda habitual, aunque el documento firmado diga otra cosa.
En
Levy Abogados asesoramos a propietarios e inquilinos en contratos de arrendamiento, alquileres de temporada, vivienda habitual, desahucios, reclamaciones de rentas y conflictos derivados de contratos mal redactados o utilizados de forma incorrecta.
Qué es un contrato de temporada
El contrato de temporada es un arrendamiento que se firma para cubrir una necesidad temporal.
No está pensado para que el inquilino establezca allí su vivienda habitual y permanente.
Puede utilizarse, por ejemplo, cuando una persona necesita una vivienda durante unos meses por motivos de trabajo, estudios, tratamiento médico, desplazamiento profesional, obra en su vivienda habitual o cualquier otra causa limitada en el tiempo.
La clave no es solo la duración.
La clave es la finalidad del contrato.
Un contrato de temporada debe responder a una causa temporal real.
No basta con firmar por 11 meses
Uno de los errores más habituales es pensar que un contrato de 11 meses es siempre un contrato de temporada.
No es así.
La duración del contrato no determina por sí sola su naturaleza jurídica.
Un contrato de 11 meses puede ser un verdadero contrato de temporada si existe una causa temporal clara.
Pero también puede ser un alquiler de vivienda habitual encubierto si el inquilino vive allí de forma permanente.
Por ejemplo, si una persona alquila una vivienda durante 11 meses, se empadrona allí, no tiene otra vivienda habitual y utiliza el inmueble como su residencia principal, puede discutirse que estemos realmente ante un contrato de temporada.
En estos casos, lo importante será analizar la realidad del uso de la vivienda.
Diferencia entre alquiler de temporada y vivienda habitual
El alquiler de vivienda habitual está pensado para satisfacer la necesidad permanente de vivienda del inquilino.
En cambio, el alquiler de temporada cubre una necesidad temporal.
Esta diferencia es fundamental.
En una vivienda habitual, el inquilino vive de forma estable y permanente.
En un contrato de temporada, el inquilino ocupa la vivienda durante un periodo limitado por una causa concreta.
Por eso, un contrato de temporada debería explicar claramente:
- cuál es la causa temporal;
- por qué el inquilino necesita esa vivienda;
- cuánto tiempo durará esa necesidad;
- cuál es la vivienda habitual del inquilino, si existe;
- por qué no se trata de una residencia permanente.
Si el contrato no justifica bien la causa, pueden surgir problemas.
Ejemplos de contratos de temporada válidos
Un contrato de temporada puede ser válido en muchos supuestos.
Por ejemplo:
- un estudiante que se traslada durante el curso académico;
- un trabajador desplazado durante varios meses;
- una persona que necesita vivienda durante una obra en su domicilio habitual;
- una familia que alquila una vivienda durante vacaciones;
- un profesional que acude temporalmente a otra ciudad;
- una persona que necesita alojamiento durante un tratamiento médico;
- un contrato vinculado a una estancia concreta y limitada.
En todos estos casos, lo importante es que exista una necesidad temporal real y documentable.
Cuándo puede ser un alquiler encubierto
El problema aparece cuando se utiliza el contrato de temporada para evitar las normas del alquiler de vivienda habitual.
Puede haber indicios de alquiler encubierto cuando:
- el inquilino vive allí de forma permanente;
- no existe causa temporal real;
- se firma por 11 meses de forma automática;
- se renueva una y otra vez;
- el inquilino no tiene otra vivienda habitual;
- la vivienda es su residencia principal;
- se utiliza para evitar prórrogas legales;
- se pretende eludir límites o derechos del arrendatario;
- no se explica la finalidad temporal;
- el contrato es de temporada solo en el título.
En estos casos, el contrato puede discutirse.
El juez no valorará solo el nombre del documento. Valorará la realidad de la relación.
La importancia de la causa temporal
La causa temporal es el elemento más importante.
No basta con poner una frase genérica como “contrato de temporada”.
Conviene explicar por qué el inquilino necesita la vivienda durante ese periodo.
Por ejemplo, no es lo mismo decir:
“Se firma contrato de temporada por 11 meses.”
Que decir:
“El arrendatario se desplaza a Madrid por motivos laborales durante un proyecto temporal de 10 meses, manteniendo su residencia habitual en otra ciudad.”
La segunda redacción ayuda mucho más a justificar la temporalidad.
Además, si el contrato se impugna, será importante probar que esa causa era real.
Riesgos para el propietario
Para el propietario, utilizar mal un contrato de temporada puede generar riesgos importantes.
Entre ellos:
- que el contrato sea considerado vivienda habitual;
- que el inquilino reclame la aplicación de la LAU como vivienda;
- que se discuta la duración pactada;
- que no pueda recuperar la vivienda cuando esperaba;
- que se compliquen desahucios o reclamaciones;
- que se alegue fraude de ley;
- que aumente el conflicto judicial;
- que el contrato no tenga el efecto buscado.
Por eso, si el propietario quiere alquilar por temporada, debe redactar bien el contrato.
También debe asegurarse de que la situación real encaja con ese tipo de arrendamiento.
Riesgos para el inquilino
El inquilino también debe tener cuidado.
A veces firma un contrato de temporada sin entender sus consecuencias.
Puede creer que tiene los mismos derechos que en una vivienda habitual, cuando el contrato dice otra cosa.
También puede ocurrir lo contrario: que el contrato sea de temporada solo en apariencia y que, en realidad, el inquilino esté usando la vivienda como residencia habitual.
En estos casos, conviene revisar el contrato antes de firmar o antes de aceptar una finalización del alquiler.
El inquilino no debe dar por válido todo lo que diga el documento si la realidad es distinta.
¿Puede el inquilino empadronarse en un contrato de temporada?
El empadronamiento puede ser un indicio, pero no decide por sí solo la naturaleza del contrato.
Que un inquilino se empadrone en una vivienda puede reforzar la idea de que reside allí.
Sin embargo, habrá que analizar el conjunto del caso.
También importan otros factores: duración, causa del contrato, residencia anterior, finalidad del alquiler, comunicaciones entre las partes, renovaciones y uso real de la vivienda.
El empadronamiento no convierte automáticamente un contrato en vivienda habitual.
Pero puede ser una prueba relevante si se discute la verdadera finalidad del arrendamiento.
¿Se puede renovar un contrato de temporada?
Sí, puede renovarse.
Pero hay que tener cuidado.
Una renovación aislada puede estar justificada si se prolonga la causa temporal.
Por ejemplo, si un proyecto laboral dura más de lo previsto.
Sin embargo, encadenar contratos de temporada durante años puede ser un indicio de que en realidad existe una vivienda habitual encubierta.
Cuando se firman varios contratos de 11 meses seguidos con el mismo inquilino, en la misma vivienda y sin una causa temporal clara, el riesgo jurídico aumenta.
Contrato de temporada y alquiler turístico
El contrato de temporada no debe confundirse con el alquiler turístico.
El alquiler turístico suele tener una finalidad vacacional, una alta rotación de ocupantes y una comercialización a través de plataformas o canales turísticos.
El alquiler de temporada puede tener otras finalidades, como estudios, trabajo o estancia temporal por una causa concreta.
Ambos pueden ser de corta duración, pero no son lo mismo.
Además, el alquiler turístico puede estar sujeto a normativa autonómica, municipal, urbanística y comunitaria específica.
Por eso, antes de utilizar una vivienda para estancias cortas, conviene saber qué régimen jurídico se aplica realmente.
Contrato de temporada y fraude de ley
El fraude de ley aparece cuando se utiliza una norma o una figura jurídica para conseguir un resultado prohibido o contrario al ordenamiento.
En materia de alquiler, puede discutirse si existe fraude cuando se utiliza un contrato de temporada para evitar las normas protectoras del alquiler de vivienda habitual.
Por ejemplo, para evitar prórrogas legales, limitar derechos del inquilino o recuperar la vivienda antes de lo que permitiría un contrato de vivienda habitual.
No todo contrato de temporada es fraudulento.
Pero sí puede serlo si la temporalidad no es real.
Qué debe revisar el propietario antes de firmar
Antes de firmar un contrato de temporada, el propietario debería revisar varios puntos.
Por ejemplo:
- si existe una causa temporal real;
- si esa causa puede documentarse;
- si el inquilino mantiene otra vivienda habitual;
- si la duración encaja con la finalidad;
- si el contrato está bien redactado;
- si se prevén prórrogas o no;
- si se regula correctamente la fianza;
- si se incluye inventario;
- si se pactan suministros;
- si se documenta la entrega de llaves;
- si se evita una redacción genérica;
- si la vivienda puede destinarse a ese uso.
Un contrato de temporada mal redactado puede convertirse en un problema serio.
Qué debe revisar el inquilino antes de firmar
El inquilino también debe revisar bien el documento.
Especialmente:
- si el contrato dice que es de temporada;
- qué causa temporal se indica;
- cuánto dura el contrato;
- si se prevé posibilidad de prórroga;
- qué ocurre al finalizar;
- qué cantidades se entregan;
- cómo se regulan fianza y garantías;
- si el uso real será vivienda habitual;
- si se le exige abandonar la vivienda en una fecha concreta;
- si existen cláusulas confusas o abusivas;
- si entiende las consecuencias de firmar como temporada.
Si el inquilino va a vivir allí de forma permanente, debe tener especial cuidado antes de firmar un contrato de temporada.
Pruebas importantes en caso de conflicto
Cuando hay conflicto, la prueba es fundamental.
Pueden ser relevantes:
- contrato firmado;
- mensajes entre propietario e inquilino;
- anuncios de la vivienda;
- recibos de renta;
- duración real de la ocupación;
- renovaciones;
- empadronamiento;
- suministros;
- correspondencia;
- certificados de estudios o trabajo;
- domicilio habitual del inquilino;
- justificantes de desplazamiento;
- comunicaciones sobre la finalidad del contrato;
- testigos;
- documentación fiscal o administrativa.
No basta con el título del contrato.
Hay que acreditar cuál era la finalidad real del alquiler.
Qué hacer si ya existe conflicto
Si el propietario quiere recuperar la vivienda y el inquilino sostiene que es su vivienda habitual, conviene revisar el caso antes de actuar.
También conviene hacerlo si el inquilino recibe una comunicación de finalización y cree que el contrato de temporada se ha utilizado de forma incorrecta.
En estos casos, actuar sin asesoramiento puede generar errores.
El propietario puede iniciar una vía inadecuada.
El inquilino puede marcharse sin saber si tenía derechos.
Por eso, antes de enviar burofax, presentar demanda, firmar una prórroga o abandonar la vivienda, es recomendable revisar el contrato y las pruebas.
Levy Abogados: revisión de contratos de temporada
En Levy Abogados podemos ayudarte a revisar si un contrato de temporada está correctamente planteado.
Asesoramos a propietarios e inquilinos en:
- redacción de contratos de temporada;
- revisión de contratos antes de firmar;
- análisis de alquiler de vivienda habitual encubierto;
- reclamaciones entre arrendador e inquilino;
- burofax de finalización o reclamación;
- desahucios;
- recuperación de vivienda;
- defensa del inquilino;
- alquileres de estudiantes o trabajadores desplazados;
- conflictos por fianza, garantías y suministros;
- prueba de la finalidad real del contrato.
Cada caso debe estudiarse de forma individual.
La duración del contrato no basta. Lo importante es la realidad del uso de la vivienda.
Conclusión
El contrato de temporada es válido cuando responde a una necesidad temporal real.
Puede ser una herramienta útil para propietarios e inquilinos.
Pero no debe utilizarse para encubrir un alquiler de vivienda habitual.
No basta con firmar por 11 meses. Tampoco basta con poner “temporada” en el encabezado del contrato.
Hay que analizar la causa, la duración, el uso real de la vivienda, las pruebas y la situación concreta de las partes.
Si tienes dudas sobre un contrato de temporada, si quieres alquilar tu vivienda con seguridad o si crees que tu contrato puede ser un alquiler encubierto, en
Levy Abogados podemos revisar tu caso y ayudarte a valorar la mejor estrategia.